Capítulo 3: Yoga y sistema inmune.

6 agosto 2020

Cuando hablamos de Yoga, hablamos de salud, de vitalidad, de energía, de felicidad. Pero si alguna vez le has preguntado a alguien que por qué hace Yoga, su respuesta seguramente haya sido — porque me sienta bien. Suele aparecer cierta dificultad cuando se intenta describir de manera objetiva el por qué de esta afirmación. Uno es capaz de describir cómo le hace sentir la práctica de Yoga, pero cuando se pretende dar una explicación razonada del motivo por el cuál se experimentan estas sensaciones tan placenteras, hay que tener en cuenta que están supeditadas a una cascada de reacciones fisiológicas que son las encargadas de hacernos sentir así de bien.

El Yoga, milagrosamente trabaja en todos los aspectos del ser humano:

Físico, Psíquico-mental, Social y Espiritual.

Una sensación de plenitud, pasa por un buen enriquecimiento de estos 4 niveles, que a su vez son la fuente de alimentación de los mecanismos de adaptación del ser humano; Sistema Nervioso, Sistema Inmune y Sistema Endocrino.

Con la practica constante de Yoga, a través de las torsiones, compresiones, flexiones, extensiones y Pranayama entre otras, depuramos, drenamos y regeneramos los 12 sistemas del cuerpo humano. Así como facilitamos la llegada de sangre oxigenada y nutrientes a todas las partes de nuestro organismo. Aprendemos a gestionar mejor nuestras emociones desarrollando habilidades como la atención, el distanciamiento y la contención, controlando así la agitación mental, siendo esta la causa principal del debilitamiento del sistema inmune. También fomentamos una socialización positiva, frecuentando un ambiente óptimo que induce al bienestar. Y facilitamos el desarrollo de nuestra conciencia y espiritualidad, amplificando el sentido de conexión con algo superior a nosotros mismos ampliando la búsqueda de conocimiento y sentido de la vida.

La práctica física de Yoga, trabaja especialmente el sistema nervioso parasimpático, que facilita la relajación y ayuda a recuperar el equilibrio en la vida diaria. Cuando predomina el parasimpático, facilitamos la adaptación del organismo a las diferentes situaciones, inducimos a la relajación, se reduce el ritmo cardiaco y la presión arterial y se incrementa el flujo sanguíneo a los órganos internos. Pero una de las cosas más importantes, es que nuestro organismo deja de estar “Alerta” y, el mensaje que transmite a nuestro sistema endocrino es el correcto para que la cascada hormonal que se active sea la adecuada, con menos hormonas de estrés como cortisol o adrenalina. Esto permite a su vez al sistema inmune, aprovechar toda la energía necesaria evitando el debilitamiento inmunológico habitual que genera la sobreproducción de estas hormonas, facilitando así una mejor y eficaz limpieza, respuesta y destrucción de agentes patógenos proporcionándonos una sensación de vitalidad y bienestar.

Como vemos, todo forma parte de un entramado multifactorial y holístico. Con nuestra práctica diaria estamos haciendo un trabajo preventivo a largo plazo que sin ninguna duda nos va a proporcionar una mejor calidad de vida a nosotros y a quienes nos rodean.

Os dejamos bibliogafía recomendada si queréis indagar más sobre este tema.

1. Sapolsky, R.M (2017). ¿ Por qué las cebras no tienen úlcera?  Alianza editorial.

2. Vidal, J. (2006). Psiconeuroinmunología. Barcelona,  Publicacions i Edicions de la unversitat de Barcelona.

3. Zammateo, N. (2015). El impacto de las emociones en el ADN (Epigenética). Ediciones Obelisco.

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